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Qué es realmente la inteligencia emocional (y qué no es) según la evidencia

«Inteligencia emocional» se usa para casi todo: ser amable, no enojarse, saber vender. La investigación la define de forma más precisa, y eso la vuelve más útil.

Lectura de 3 min · 3 de noviembre de 2026

Mujer tranquila en su escritorio con su cuaderno, reflexionando

De dónde viene el concepto

Los psicólogos Peter Salovey y John Mayer propusieron el término en 1990 para describir la capacidad de percibir, entender y manejar las emociones propias y ajenas. Años después, el periodista Daniel Goleman lo popularizó con un libro muy vendido que amplió la idea a muchas otras cualidades.

Por eso hoy conviven dos visiones: una más estricta, que la entiende como un conjunto de habilidades, y otra más amplia, que la mezcla con rasgos de personalidad.

Las cuatro habilidades

El modelo de Mayer y Salovey describe cuatro habilidades relacionadas:

  1. Percibir emociones: reconocer lo que sientes tú y lo que sienten los demás, en la cara, la voz o la conducta.
  2. Usar las emociones para pensar: aprovechar el estado emocional para ciertas tareas; por ejemplo, el buen ánimo puede favorecer la creatividad.
  3. Comprender las emociones: entender de dónde vienen, cómo cambian y cómo se combinan.
  4. Manejar las emociones: regular las propias y ayudar a otros con las suyas.

Lo que no es

  • No es ser siempre amable. Una persona emocionalmente inteligente puede ser directa y poner límites.
  • No es no sentir emociones «negativas». El enojo o la tristeza también dan información útil.
  • No es manipular. Entender las emociones de otros no significa usarlas en su contra.
  • No es algo con lo que se nace o no. Hay diferencias entre personas, pero las habilidades se pueden desarrollar.

La inteligencia emocional no consiste en sentir menos, sino en entender mejor lo que sientes y decidir qué hacer con ello.

Por qué importa

La investigación la ha relacionado con aspectos como la calidad de las relaciones y el manejo del estrés, aunque sus efectos no son mágicos ni sustituyen otras habilidades. Es una pieza más, y una que se puede entrenar.

Cómo empezar a desarrollarla

  • Nombra lo que sientes con palabras precisas: no solo «mal», sino frustrado, decepcionado, preocupado.
  • Pregunta por la causa: ¿qué pasó justo antes?
  • Observa a otros con curiosidad: ¿qué podría estar sintiendo esa persona?
  • Haz una pausa antes de reaccionar a una emoción intensa.
  • Pide retroalimentación a alguien de confianza sobre cómo te perciben.

Un primer paso

Si te interesa entender mejor cómo estás manejando tus emociones y qué área conviene atender primero, la orientación gratuita de Mente Bien te ayuda a ubicar por dónde empezar.

Fuentes

  1. Salovey P., Mayer J. D. Emotional Intelligence. Imagination, Cognition and Personality, 1990 Ver fuente
  2. Mayer J. D., Caruso D. R., Salovey P. The Ability Model of Emotional Intelligence: Principles and Updates. Emotion Review, 2016 Ver fuente

Este artículo es informativo y no sustituye la valoración de un profesional de la salud. Si sientes que podrías hacerte daño o estás en peligro, llama al 911 o a la Línea de la Vida: 800 911 2000.